Misericordia, clemencia,
caridad, piedad, indulgencia…
Esas cualidades propias de los santos.
Si las pudiera sentir dentro
me harían arder
como un baño de agua sagrada.
¿Cómo podría yo intentar
padecer el dolor de los demás?
Qué innecesario.
¿Por qué Cobain, Curtis o Buckley
no han sido santificados?
La imaginación del paranoide es muy peligrosa.
Como está
especialmente receptivo
a todo tipo de estímulos y señales,
entiende que todos los acontecimientos
que suceden a su alrededor
están influidos por su persona.
Que es causa y efecto de los mismos.
Lo cual le acarrea una fatigosa responsabilidad.
Y aunque,
bajo los baremos convencionales,
su visión sea considerada
como una distorsión de la realidad,
existen algunas teorías que,
de algún modo,
la respaldan.
La imaginación de un psicópata
también es muy peligrosa,
y muy nutrida.
Cuando no mato aprendo.
Aprendo y aprendo y aprendo…
No puedo dejar de aprender.
De todo y de todos.
De lo bueno y de lo malo.
Aprendo tanto
que no puedo asimilarlo todo,
y llega un momento
en el que mi cerebro se queda bloqueado,
como cargando…
cargando…
cargando…
Y cuando vuelvo en mí
me miro en el espejo y me pregunto:
“¿Has sentido dentro la paz del Universo?”.
Mis ojos me confirman que es momento de volver a matar.
