Space Dementia

 

Publicado en on Agosto 28, 2008 at 3:56 pm Dejar un comentario
Tags:

XXIII

 

El primer signo para reconocer a un ángel

es que los ángeles

nunca se dirigen a ti en tu mismo idioma.

 

Si tu lengua natal es,

pongamos por ejemplo, el español,

un ángel te hablará en irlandés,

islandés o flamenco,

pero jamás en tu mismo idioma.

 

Esto tiene un meditado fin.

 Como tú no hablas su idioma

ni él el tuyo,

recurriréis al método comodín por excelencia,

es decir,

intentar comunicaros en inglés,

puesto que es el idioma universal,

o sea,

el idioma que se utiliza en el Universo entero,

incluyendo el supramundo

y el inframundo también.

 

El problema

es que el inglés no es tu lengua natal,

ni la suya,

por supuesto, tampoco.

Y que en medio de vuestra comunicación

se abre un agujero

de 1.500 kilómetros de diámetro.

“El agujero anglosajón”,

lo podríamos llamar.

 

Para poder comunicarte con un ángel

necesitas simplificarte al máximo,

sintetizarte en pensamientos y emociones.

Necesitas volver a aprender a hablar.

Necesitas reinventar la comunicación.

Necesitas volver al origen,

a la base,

al idioma original,

y necesitas buscar en la memoria del Universo,

en la sabiduría de los ancestros,

en la pureza de lo primigenio.

 

“Return to be a child again…”.

 

Los ángeles no tienen recuerdos,

ni tienen pasado,

y si lo tienen,

lo han olvidado.

Su camino determina una única dirección:

hacia delante.

A la espalda no queda nada,

sólo un par de generosas alas.

 

En el origen del mundo no existe la maldad,

sólo la fuerza inconmensurable de querer comunicar.

Los ángeles conocen todos los símbolos del Universo,

y cada símbolo no es otra cosa

que la imperiosa necesidad de reunir

aquello que originalmente fue separado.

 

Como el amor no es otra cosa

que la imperiosa necesidad de reunir

aquello que originalmente fue separado.

 

—Universal Mind—

 

Blue Tears

 

Publicado en on Agosto 13, 2008 at 8:31 am Dejar un comentario
Tags:

XXII

 

Silencio.

Silencio…

Silencio sepulcral.

 

No recuerdo haberme quedado dormida,

pero así parece haber sido

puesto que acabo de despertarme,

desconcertada por un silencio

que no debería estar.

 

Un extraño olor invade la estancia,

mezclándose con otro olor

mucho más familiar…

 

Me encuentro desnuda

sobre el suelo del salón.

Mi piel

se ha quedado fría como el hielo,

pero ahí fuera

hace un calor infernal.

 

Noto las manos pegajosas y doloridas.

Las miro

y veo que la mitad de mis uñas están rotas.

Bajo ellas

encuentro restos

de lo que yo diría es carne cruda

y sangre.

 

También he notado molestias en los dientes

y la mandíbula en general.

Y también mis labios están pegajosos.

Los lamo,

lo justo y necesario

como para desvelar la misteriosa sustancia.

 

En seguida reconozco ese sabor,

entre óxido y salado,

de la sangre aún fresca.

 

Por un instante,

recobro de mi subconsciente el recuerdo

de un hermoso cuerpo

trabajando intensivamente entre mis muslos,

y de pronto

soy consciente de que ya no está.

No queda nada de él.

Nada.

Nada de nada.

Algunos restos de carne cruda

y sangre moribunda

bajo mis uñas rotas,

nada más.

Ya no está.

Y ya no estará jamás.

 

Sus restos yacen ahora en mis adentros

y, por un proceso biológico de lo más natural,

acabarán convirtiéndose en pura mierda;

en MI mierda,

MIS desperdicios,

MIS deshechos.

 

Me lo he comido.

Me he ventilado literalmente a un tío.

Donde hubo materia sólida

sólo hay ahora vacío.

Lo que de su esencia hubiera,

lucha ahora encarnizadamente

contra mis jugos gástricos,

que pronto lo habrán finiquitado.

 

Sin embargo,

no me siento mal.

Ni noto en mí signo alguno de maldad.

Más bien,

todo lo contrario.

Un sentimiento de armonía y equilibrio

ha invadido por completo

las más profundas cavidades

de mi alma vampírica.

 

Cometo errores,

porque no puedo dejar de hacer cosas extraordinarias,

que nadie puede comprender.

O quizá sólo los ángeles.

No paro de equivocarme.

Lo hago con una frecuencia

tres o cuatro veces superior

a la de un ser humano normal.

Es por eso que aprendo tres o cuatro veces más

y más rápido.

 

Mis poderes se multiplican tras cada nuevo error.

Acción. Re-acción.

Equivocación. Re-evolución.

 

Me he estado confundiendo

buscando entre tan limitados seres,

cuando quizá

la respuesta estaba un poquito más allá.

 

Siento una extraña convulsión en mi estómago

y de pronto

un último mensaje llega a mis labios,

desde las cenizas de aquello que he devorado:

 

“Return to be a child again”.

 

I say it to myself without being able to control my own words.

No. I cannot.

I’m not innocent.

I cannot be innocent.

My soul is too ancient.

It’s older than the fucking Devil.

It’s still older than the fucking Christian God.

I’m not innocent,

but less guilty than innocent, that’s for sure.

 

“Return to be a child again”.

 

How?

 

“A blue-winged angel will help you”.

 

—Angel—