Silencio.
Silencio…
Silencio sepulcral.
No recuerdo haberme quedado dormida,
pero así parece haber sido
puesto que acabo de despertarme,
desconcertada por un silencio
que no debería estar.
Un extraño olor invade la estancia,
mezclándose con otro olor
mucho más familiar…
Me encuentro desnuda
sobre el suelo del salón.
Mi piel
se ha quedado fría como el hielo,
pero ahí fuera
hace un calor infernal.
Noto las manos pegajosas y doloridas.
Las miro
y veo que la mitad de mis uñas están rotas.
Bajo ellas
encuentro restos
de lo que yo diría es carne cruda
y sangre.
También he notado molestias en los dientes
y la mandíbula en general.
Y también mis labios están pegajosos.
Los lamo,
lo justo y necesario
como para desvelar la misteriosa sustancia.
En seguida reconozco ese sabor,
entre óxido y salado,
de la sangre aún fresca.
Por un instante,
recobro de mi subconsciente el recuerdo
de un hermoso cuerpo
trabajando intensivamente entre mis muslos,
y de pronto
soy consciente de que ya no está.
No queda nada de él.
Nada.
Nada de nada.
Algunos restos de carne cruda
y sangre moribunda
bajo mis uñas rotas,
nada más.
Ya no está.
Y ya no estará jamás.
Sus restos yacen ahora en mis adentros
y, por un proceso biológico de lo más natural,
acabarán convirtiéndose en pura mierda;
en MI mierda,
MIS desperdicios,
MIS deshechos.
Me lo he comido.
Me he ventilado literalmente a un tío.
Donde hubo materia sólida
sólo hay ahora vacío.
Lo que de su esencia hubiera,
lucha ahora encarnizadamente
contra mis jugos gástricos,
que pronto lo habrán finiquitado.
Sin embargo,
no me siento mal.
Ni noto en mí signo alguno de maldad.
Más bien,
todo lo contrario.
Un sentimiento de armonía y equilibrio
ha invadido por completo
las más profundas cavidades
de mi alma vampírica.
Cometo errores,
porque no puedo dejar de hacer cosas extraordinarias,
que nadie puede comprender.
O quizá sólo los ángeles.
No paro de equivocarme.
Lo hago con una frecuencia
tres o cuatro veces superior
a la de un ser humano normal.
Es por eso que aprendo tres o cuatro veces más
y más rápido.
Mis poderes se multiplican tras cada nuevo error.
Acción. Re-acción.
Equivocación. Re-evolución.
Me he estado confundiendo
buscando entre tan limitados seres,
cuando quizá
la respuesta estaba un poquito más allá.
Siento una extraña convulsión en mi estómago
y de pronto
un último mensaje llega a mis labios,
desde las cenizas de aquello que he devorado:
“Return to be a child again”.
I say it to myself without being able to control my own words.
No. I cannot.
I’m not innocent.
I cannot be innocent.
My soul is too ancient.
It’s older than the fucking Devil.
It’s still older than the fucking Christian God.
I’m not innocent,
but less guilty than innocent, that’s for sure.
“Return to be a child again”.
How?
“A blue-winged angel will help you”.