XXVIII

 

Cuando conseguí reaccionar,

él ya no estaba.

Me sentí

como si acabara de despertar

de un sueño extraño y agotador.

Nunca en mi vida

me habían producido una sensación similar.

 

¿Qué le había hecho aquel ser a mi cuerpo

que de pronto resplandecía

como si le hubieran aplicado

una fina capa del más precioso metal?

 

¿Qué clase de poder había ejercido

su alma en la mía

que ésta había comenzado a dilatarse

irrefrenable e ilimitadamente?

 

Miré hacia la cama,

que parecía el escenario

de un pequeño e íntimo campo de batalla.

Sentí una leve nostalgia

agujereándome el estómago.

Miré hacia la cama,

dulce santuario.

 

Las sábanas aún estaban mojadas con su sangre.

 

Vamos, Rabya. Lame su sangre.

Eso es todo lo que te voy a permitir echarlo de menos.

 Me digo.

 

Tan sólo un instante evanescente en el que mi lengua se deleite

lamiendo los restos vitales de su inhumano cuerpo.

Tan sólo un insignificante suspiro

en el que mi lengua

 se fusione con su esencia.

Tan sólo su preciada esencia

entrando en contacto con mi sedienta lengua.

Tan sólo un momento mínimo

en el que sentir el sabor de su recuerdo

desplegándose a lo largo y ancho de mi paladar.

Oh, tan sólo un minuto.

No más.

Tan sólo un minuto es lo que necesito

para lamer el fruto de su dolor;

la cercanía ausente,

el contacto desvanecido,

el abandonado encuentro.

 

Un minuto. No más. Es lo que te voy a permitir echarlo de menos.

Me dije.

 

Y me di cuenta de que tenía muchas cosas que limpiar.

Esta vez has tocado el cielo,

pero la vida sigue.

 

Jamás había conocido a alguien

que me mostrara semejante condescendencia.

¿Tan poderoso era que se sentía capacitado

para protegerme, purificarme y salvarme?

¿Quién era aquel ser

que había despertado en mí la confianza necesaria

como para dejar por un rato en sus manos

la batuta de la responsabilidad?

 

La responsabilidad de cuidar del mundo,

de velar por el mundo,

de querer protegerlo y salvarlo.

Alguien que pudiera hacer eso

debía de ser alguien muy poderoso.

Tanto o más que yo.

 

Me sentí vencida.

Me rendí,

confié y me entregué.

Me olvidé del mundo.

¿Acaso es el dolor del mundo mi responsabilidad?

 

Que siga girando el mundo

y no pare de dar vueltas y más vueltas

en su eje estático y frígido.

 

De pronto supe

que estaba empezando a perderme algo…

Y me gustó.

Entendí, de algún modo,

que la ignorancia puede ser felicidad…

Y me gustó.

Tanto

que quise convertirme en la mayor de las ignorantes.

No quiero saber nada del mundo

ni de su dolor.

 

Él me había salvado de mi condena,

pero me sentí castigada con su abandono.

Dicen que quien bien quiere, bien castiga.

Y así lo quise ver.

Tenía que seguir mi camino,

tenía que seguir buscando,

pero en otra dirección;

la que él me había señalado.

En otras tierras, en otros mares.

El mundo no me necesitaba,

y yo no necesitaba al mundo.

Él me castigaba por amor,

y yo castigaba al mundo

por lo mismo.

 

 

-–Nature_1—

 

From Inside

 

Publicado en on Septiembre 22, 2008 at 9:08 am Dejar un comentario
Tags:

XXVII

 

A la noche siguiente acudí a la cita.

Llegué al hotel y subí a la suite.

La puerta estaba entornada.

Crucé el umbral y la cerré tras de mí.

Las luces eran muy tenues

y había un suave aroma como de incienso,

que me recordó,

por un momento,

al olor de las iglesias.

 

Hacía calor,

pero un calor reconfortante.

Me sentí a gusto.

 

Atravesé la elegante e impoluta sala

y luego me adentré

hasta el fondo del amplio dormitorio,

donde un tipo alto me esperaba.

 

Llevaba un traje completamente negro.

Tenía un aire vampíricamente seductor.

Me sonrío con la mirada.

Sus facciones me resultaron atractivas

y su voz sonó profunda y oscura,

hasta el punto de notarla vibrar

en cada poro de mi piel.

 

- Sabes que no soy quien te han dicho que soy, ¿verdad?

- Are you the blue-winged angel?

- ¿Tú ves que yo tenga alas?

- No, I don’t. So… Who are you?

- ¿Quién necesitas que sea?

- Someone who help me to find it.

- ¿Qué buscas?

- The return to be a child again.

- ¿Para qué?

- A voice inside me asked me so.

- Misschien is het de stem van de duivel.

- What the hell does the devil want from me?

- Confundirte.

- Why? I believed the devil was my friend.

- De duivel is niemands vriend.

- …by your own christian belief.

- Uw duivel is niemands vriend.

- He fucked me. What does he want from me now?

- Él es un viejo envidioso. Envidia tu pureza, tu libertad, tu fuerza, tu valor, tu belleza… Él quiere adueñarse de tu preciosa mente y robar todo lo que él nunca podrá tener.

- He’s still inside me.

- Ya no más… Rabya, mi preciosa Rabya. He venido a liberarte de toda esa maldad que él te ha dejado dentro. Vengo a llenarte de paz. Tú eres libre, eres hermosa y pura. No necesitas volver a ser una niña. Eres sabia y tu alma es eterna. Y ahora, quiero que sientas mi paz penetrando en ti.

- Mmm…

- Olvídalo todo. Deja la mente en blanco, así como tú sabes, y déjate llevar. Sé que has tenido que atravesar un infierno para llegar aquí, pero ahora yo te voy a hacer sentir bien. Te voy a hacer sentir mejor de lo que nunca has podido imaginar. Abre las piernas y deja que te susurre una bonita canción.

- Mmm…

- Oh, Rabya, dulce princesa, él te ha llenado de tormento. Todo tu delicioso cuerpo tan contaminado… Deja que te cure, cierra los ojos, siénteme, sé feliz. Voy a complacerte como te mereces. Déjame probar, déjame intentar satisfacer a una diosa. Confía en mí. En mí puedes confiar. Yo no te voy a traicionar, yo no voy a mentirte ni engañarte. Confía en mí. ¿Confías en mí? Sí, así, muy bien.

- Mmm…

- Él aún está aquí. Él nos mira, pero desaparecerá. Deja que te purifique y te bendiga profundamente. Él se irá y no volverá. Abrázame. Confía en mí. Yo no he venido a follarte. Yo no te voy a hacer el amor. Yo te voy a purificar, y te voy a sanar. Mírame a los ojos, Rabya. Yo te voy a salvar. Él está ahí, mirando. Le gusta mirar, pero no puede hacerte nada. No voy a dejar que te haga nada. Yo te protegeré.

- Mmm…

- Es esto para ti la felicidad, ¿mi pequeña Rabya? Sí. Lo veo en tus ojos, tus pupilas dilatadas, tu calor, tu humedad. Él no volverá si no lo vuelves a invitar. Rabya, ¿quieres volar? ¿Quieres que yo te ayude a volar, princesa?

¡Mierda! ¡Mierrrrrrrrrrrrda!!!

- Oh, shit!

De repente la carne de su espalda

se comenzó a desgarrar.

De sus homóplatos,

brotaron dos muñones azulados

que se fueron tintando de sangre

a medida que despuntaban.

 

Empezó a sangrar sin parar

y a gritar de dolor.

Me aparté de él como pude,

zafándome de sus compulsivos movimientos.

 

- You’re he too!!

- ¡No! ¡Él intenta confundirte!

- He’s still here. He’s still in me. You cannot help me.

- Rabya, es cierto que te he purificado. Él no volverá si no lo vuelves a invitar. ¿Crees que podrás hacerlo? Yo soy sólo uno, pero no estoy solo. Hay once más. Ahora debo marcharme.

 

Aún malherido y sangrando,

echó a volar.

 

—Hey—

 

Escape

 

Publicado en on at 7:04 pm Dejar un comentario
Tags:

XXVI

 

Si hay algo que me jode sobremanera

es tener que ir,

expresamente,

a trabajar a un hotel.

 

No me importa trabajar en un hotel,

siempre y cuando,

primero,

me hayan proporcionado una grata velada,

llevándome a cenar,

a dar un paseo por el parque,

o la playa,

a tomar un cóctel, a la ópera,

a un buen concierto…

 

Entonces no me cuesta nada ser complaciente.

De hecho,

es un placer complacer

a quien me invita a disfrutar.

 

Prefiero, todo sea dicho,

recibir la visita en mi casa,

pero eso sólo puedo hacerlo

con los clientes de mayor confianza.

 

Doy por sentado

que cada hombre que conozco

tiene una historia interesante y diferente

a sus espaldas.

Que con cada uno de ellos

tengo temas comunes que poder tratar.

 

Necesito absorber información, estilos,

carácteres, almas, emociones, mentes…

y rubricarlo todo con un buen polvo,

y algo de sangre, quizás.

 

Me gusta la gente diferente,

eso no lo puedo negar.

De diferentes lugares,

diferentes lenguas,

diferentes colores,

diferente mentalidad.

Me gusta la gente

a la que también le gusta la gente diferente.

 

Dentro de un pequeño universo de pensamientos,

unos mandan y otros obedecen.

Y no hay más.

Alguien dicta unas normas,

alguien se encarga de hacerlas obedecer

y el resto las cumple obedientemente.

Así se crea una sociedad.

Y tanto dentro como fuera de la misma

hay gente diferente

que se cuestiona esa sociedad,

que abre un margen con respecto a ella,

adquiriendo así una visión más global

y objetiva.

 

Gente diferente.

Llámenlos artistas, ángeles, vampiros,

profetas, librefolladores,

u ’open-minded’, eso da igual.

 

La vida está llena de diferentes colores

de diferentes aromas,

de diferentes melodías.

Sólo hay que aprender a mirar,

a respirar, a escuchar.

 

La mayoría

se deja arrastrar por esa amplia paleta de grises

que se limita a la sociedad a la que pertenecen,

pero fuera,

hay mucho más.

 

Me gusta complacer a mis clientes.

Ese es mi trabajo.

Trabajo que he escogido voluntariamente.

Me gusta beber sangre y desgarrar entrañas.

Me gusta que me seduzcan elegantemente.

 

Soy una princesa.

La más puta del universo,

si ustedes quieren,

pero una princesa al fin y al cabo,

y quiero que se me trate como tal.

 

Si tengo que presentarme

en un hotel del quinto coño

para follar,

voy a follar muy cabreada.

Y cuando eso ocurre,

el final siempre es el mismo.

 

No necesitaba esta cita.

No sé lo que mi profesor opinaría al respecto,

pero no establezco vínculos afectivos con nadie,

así que me daba igual.

Iba a anular aquella cita

que me estaba empezando a incomodar demasiado.

 

Sólo tenía que mandar un mensaje de texto

con mi teléfono móvil

y ya no habría vuelta atrás.

 

Ya no quería conocer a aquel tipo.

No tenía nada que hacer con él.

No lo conocía ni lo conocería ya jamás.

Quién era me daba igual.

Si era un ángel o un demonio del infierno.

Me daba igual lo que quisiera,

porque no me había tratado como lo que soy,

sino como una vulgar putilla sin clase

a la que se le manda un taxi a casa

para traérsela al hotel.

 

Así que,

estaba terminando de escribir aquel mensaje,

a punto ya de mandarlo,

cuando el teléfono

empezó a vibrar entre mis manos.

No conocía el número,

pero descolgué.

 

- ¿Diga?

- ¿Erika?

- Lo siento, ha debido de equivocarse. Yo no soy Erika.

- Erika, escúchame, por favor. No anules la cita.

- ¿Perdón?

- No anules la cita, por favor.

- ¿Quién eres?

- Te estaré esperando en la suite del lugar acordado.

- Pero mi nombre es Rabya.

- Da igual el nombre que te pongas. Tú eres siempre la misma.

 

Si hubiera enviado el mensaje

ya no hubiera habido vuelta atrás,

pero a veces las cosas suceden,

en una misteriosa sincronización

de casualidades temporales

que enredan los hilos del destino.

 

Ahora no había marcha atrás,

pero en esto otro:

él me estaba llamando,

él me estaba esperando,

y yo quería conocerle.

 

—Six Cities—

 

XXV

 

“Hola, Rabya,

¿cómo estás?

Hace mucho que no nos vemos.

Parece que las cosas te van bien…

pero no es razón para olvidar a los viejos amigos, ¿eh?

A ver cuándo quedamos.

 

Bueno,

pero no te llamo por mí,

sino por un amigo de mi hermano

que está de visita en la ciudad.

Conociéndolo,

seguro que le apetecerá

“degustar las especialidades lugareñas”.

No se me ha ocurrido mejor forma de

“deleitar su paladar”.

Es un tío muy agradable y cordial.

Es joven,

pero no te dejes engañar por las apariencias;

sabe bastante de la vida.

Es de Amsterdam.

Es un DJ bastante conocido en Bélgica.

¿He dicho Amsterdam?

Perdona,

quise decir Brujas.

Se me ha ido la olla.

Con esto de la Venecia del norte…

Da igual,

tiene buena maría.

 

Ah, es un regalo.

Esta misma tarde te ingreso la pasta.

 

Uhmm, que más…

Ah, sí, las fotos que me mandaste-gracias.

Me gustan,

de verdad.

Tienes que explicarme algún efecto

que no termino de descifrar,

pero no me queda más remedio 

que volver a hacer alusión,

mal que te pese,

al profundo romanticismo

que se respira en ellas.

 

Rabya…

Eres una romántica…

 

Uhmm,

y creo que nada más.

Espero verte pronto,

en serio.

Llámame.

Ciao”.

 

Lo dice ininterrumpidamente y del tirón

por la sencilla razón

de que no he descolgado el teléfono

y estaba hablando con el contestador.

 

Sé que voy a aceptar la propuesta

para no defraudar a mi profesor.

Y él también lo sabe.

Así que ni me planteo si es lo que quiero.

 

No tengo ganas de matar.

Quiero descubrir adónde me lleva este camino.

 

¿Puede un artista ser feliz sin perder la inspiración?

¿O debe elegir entre ser feliz y ser artista?

 

¿Dónde estoy?

¿Quién soy?

 

¿Soy Kamala

abandonando una vida repleta de placeres y lujos

para gestar y criar al hijo de Siddharta?

 

¿Soy Siddharta

abandonando la cálida carne de Kamala

para descubrir “la verdad” en la voz del río?

 

¿O soy Kamala y Siddharta

echando un polvo tántrico

en algún bosque secreto de la India?

 

¿Quién soy?

 

¿La Magdalena

abandonando una vida de perversión y pecado

para seguir al Señor en su calvario?

 

¿El Mártir,

que renuncia a la felicidad

por ofrecer su vida a los demás?

 

¿O soy Jesús y María,

copulando como leones,

a la sombra de una cruz?

 

—Yes, The River Knows—

 

XXIV

 

Contaba con cierta información

para reconocer a un ángel,

pero no tenía ni la más remota idea

de cómo encontrar uno con alas azules.

 

Desde que me salió aquella hermosa barba,

incluso después de haberla perdido,

mis intuiciones vampíricas

se habían disparado,

derivando en auténticas premoniciones.

 

Tenía la certeza

de hechos que iban a sucederse,

aunque desconocía el camino

que me conduciría hasta ellos.

 

Desde mi regreso

no había vuelto a soñar.

Había olvidado mis recuerdos,

mis deseos

eran sencillos de complacer,

y no tenía pesadillas,

porque también había olvidado mis miedos.

 

Sin embargo,

esa misma noche soñé.

Soñé que me reunía con alguien

que ya conocía,

pero no pude reconocer su rostro.

Le conocía,

pero no sé quién era.

 

Soñé que nos besábamos.

Que sus labios se unían a los míos,

como dos sangrientas rosas gemelas,

y nos fundíamos

en un lento y húmedo beso.

 

Me sentía en el putísimo cielo,

enmimismada con el único sonido

de unos suaves gemidos

que acariciaban el interior de mi garganta.

 

Y entonces sonó el teléfono.

 

Era un viejo cliente.

Precisamente,

no era de los más viejos,

pero sí de los más antiguos.

 

¿Por qué no estaba muerto?

Fácil;

porque era uno de los mejores fotógrafos

que, en persona,

nunca había conocido.

Y porque fue profesor mío.

 

No se puede matar a un profesor,

como no se puede matar a un artista.

Eso se acercaría bastante

a mi concepto de crimen.

 

Puede resultar paradójico

oir mentar el respeto

por boca de una puta homicida,

pero,

por gracia o desgracia,

soy una persona muy cuerda

y conozco, perfectamente,

esa delgada línea roja

que separa el bien del mal,

aunque me encante saltar a la comba en ella.

 

Aquel que de la nada,

y con la única herramienta de su imaginación,

consigue transmitir a otro

un sentimiento de identificación,

por medio del arte,

en cualquiera de sus múltiples vertientes,

merece todos mis respetos.

Porque el arte es mi vida.

Y mi vida es arte a su vez.

 

Yo sólo quería salvar el mundo.

Posiblemente,

Hitler pensara igual que yo,

pero afortunadamente,

mi poder se reduce

a la mera ficción…

de la palabra.

Al igual que el de Jesucristo,

el artista por antonomasia.

 

Es mi deber mostrar gratitud

a aquel que me enseñó,

y qué mayor gratitud

podría mostrarle yo a un ser humano

que la de concederle,

ni más ni menos,

la libertad de vivir.

 

Él nunca sería consciente de su privilegiada situación.

 

Oí su voz,

pero yo seguía pensando

en recuperar por un segundo más

el placer que aquellos labios,

recién soñados,

me estaban proporcionando.

 

Porque Ella siempre vuelve,

con sus más negros ojos.

Siempre.

 

—Stairway to Heaven—