XXV

 

“Hola, Rabya,

¿cómo estás?

Hace mucho que no nos vemos.

Parece que las cosas te van bien…

pero no es razón para olvidar a los viejos amigos, ¿eh?

A ver cuándo quedamos.

 

Bueno,

pero no te llamo por mí,

sino por un amigo de mi hermano

que está de visita en la ciudad.

Conociéndolo,

seguro que le apetecerá

“degustar las especialidades lugareñas”.

No se me ha ocurrido mejor forma de

“deleitar su paladar”.

Es un tío muy agradable y cordial.

Es joven,

pero no te dejes engañar por las apariencias;

sabe bastante de la vida.

Es de Amsterdam.

Es un DJ bastante conocido en Bélgica.

¿He dicho Amsterdam?

Perdona,

quise decir Brujas.

Se me ha ido la olla.

Con esto de la Venecia del norte…

Da igual,

tiene buena maría.

 

Ah, es un regalo.

Esta misma tarde te ingreso la pasta.

 

Uhmm, que más…

Ah, sí, las fotos que me mandaste-gracias.

Me gustan,

de verdad.

Tienes que explicarme algún efecto

que no termino de descifrar,

pero no me queda más remedio 

que volver a hacer alusión,

mal que te pese,

al profundo romanticismo

que se respira en ellas.

 

Rabya…

Eres una romántica…

 

Uhmm,

y creo que nada más.

Espero verte pronto,

en serio.

Llámame.

Ciao”.

 

Lo dice ininterrumpidamente y del tirón

por la sencilla razón

de que no he descolgado el teléfono

y estaba hablando con el contestador.

 

Sé que voy a aceptar la propuesta

para no defraudar a mi profesor.

Y él también lo sabe.

Así que ni me planteo si es lo que quiero.

 

No tengo ganas de matar.

Quiero descubrir adónde me lleva este camino.

 

¿Puede un artista ser feliz sin perder la inspiración?

¿O debe elegir entre ser feliz y ser artista?

 

¿Dónde estoy?

¿Quién soy?

 

¿Soy Kamala

abandonando una vida repleta de placeres y lujos

para gestar y criar al hijo de Siddharta?

 

¿Soy Siddharta

abandonando la cálida carne de Kamala

para descubrir “la verdad” en la voz del río?

 

¿O soy Kamala y Siddharta

echando un polvo tántrico

en algún bosque secreto de la India?

 

¿Quién soy?

 

¿La Magdalena

abandonando una vida de perversión y pecado

para seguir al Señor en su calvario?

 

¿El Mártir,

que renuncia a la felicidad

por ofrecer su vida a los demás?

 

¿O soy Jesús y María,

copulando como leones,

a la sombra de una cruz?

 

—Yes, The River Knows—