XL

 

- Despierta, Erika. Despierta, princesa. Qué susto me has dado. Por un instante creí que no respirabas…

 

Una voz azulaterciopelada,

de extraño acento,

cuya procedencia me siento incapaz de adivinar,

es lo primero que mis oídos han escuchado

en este inquietante amanecer.

 

¿Quién soy?

Mi nombre debe ser Erika.

¿Quién es él?

Sus dedos, delicados,

apartan el pelo de mi frente

y sus labios, suaves,

la besan.

¿Es mi marido?

¿Mi novio?

 

- Tía, no sé. Anoche, cuando follábamos, no sé. Tienes un calor dentro que, joder, estabas ardiendo. Cómo aguantas tanto… Tía, y no puedes moverte así, estaba muy excitado. No pude controlarlo, en serio, no me enteré de cómo pasó. Bueno, ya viste… Lo siento.

- No pasa nada- le dije. Parecía preocupado.

 

Me resultó muy hermoso.

Me evocaba a los ángeles.

Seguramente,

en algún momento de mi vida

hube soñado con un ángel así,

como él.

Saber que habíamos follado me excitó.

Pero no recordaba absolutamente nada.

¿Era mi amante?

¿Mi amigo?

 

- Tengo que irme a currar, pero si quieres, esta noche vuelvo. Si quieres, claro. A la misma hora. ¿Te apetece?

- Claro – contesté.

 

Me besó en los labios

y se dispuso a salir de la habitación,

pero antes,

se detuvo un momento en la puerta

y me miró.

 

- ¿Sabes, tía? Estás dulce. Sabes dulce, cariño. Eres buena. Luego te veo.

 

Cuando oí que la puerta del piso 

al fin se cerraba

mi primera reacción

fue la de levantarme rápidamente

a investigar,

pero finalmente

decidí permanecer un segundo más

e intenté recordar.

 

Recordaba estar inmersa

en un oscuro y profundo agujero emocional

del que no podía escapar.

Recordaba puñados de antidepresivos,

ansiolíticos y tranquilizantes.

Recordaba mi cuerpo inflamado,

insano,

constantemente insaciado,

enfermo.

Enferma, mi mente también,

constantemente inconstante.

Todo a mi alrededor,

infectado.

 

Recordaba la maldad de personas

con las que me había cruzado;

las vidas miserables y arpías

de los cobardes

y embusteros;

el dolor y el miedo

que me habían provocado aquellos,

y toda la impotencia y frustración

que me había invadido

por largo tiempo.

 

Recordaba monstruos

que me habían inducido a pensar

que yo era algo que yo no era

y que sólo puede existir

en esas almas putrefactas,

que piensan mierda,

y cuando hablan,

huelen a mierda,

porque se rodean de más y más mierda,

duermen entre mierda,

se echan mierda,

los unos a los otros,

y se revuelcan en sus propios deshechos,

como los puercos y los perros. 

 

Recordaba un auténtico vertedero

de gentes de mal,

que apestaba

y me había hecho vomitar.

 

¿Y después?

Después, nada.

No recordaba nada más.

Después,

sólo sus celestes y brillantes ojos.

Sin duda era del Este. 

Mis bragas estaban empapadas.

Necesitaba urgentemente una ducha.

Me moría de ganas de volverlo a ver.

 

 —Feeling Good—

 

El URI para hacer TrackBack a esta entrada es: http://aybar.wordpress.com/2009/02/01/xl/trackback/

Canal RSS de los comentarios de la entrada.

Leave a Comment